Ambas obras mesterizan el humor negro para deconstruir la realidad estadounidense. Comparten el protagonista antihéroe, la paranoia cómica y la capacidad de hacer la absurdidad extrañamente creíble.
DeLillo replica el tono paranoico y fragmentado de Thompson, con crítica despiadada a la sociedad de consumo. Ambos convierten la prosa en vehículo para desmantelar ilusiones culturales.
Comparte la estética transgresora, el lenguaje inventado y fragmentado, y la crítica afilada a las instituciones. Ambas obras usan la provocación y la prosa experimental para cuestionar la realidad.
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